La mañana es de las aves
La observación de aves se recomienda en las primeras horas de la mañana, cuando el bosque todavía está en silencio y la luz es baja. Se camina despacio, con binoculares, atendiendo más a los sonidos que a los movimientos bruscos. Los bordes de arroyo y los claros entre las lengas concentran actividad, y esa quietud es justamente lo que buscamos ofrecer: una excusa para quedarse callado un rato largo mirando entre las ramas.